27 jun. 2016

Entrevista con MARSHALL TITUS

Nacido en Chicago, una de las grandes cunas de la música del siglo XX, MARSHALL TITUS se fue convirtiendo en uno de los referentes de una nueva generación soul/pop de su ciudad natal que, aunque no llegó a alcanzar el esplendor internacional de épocas anteriores, recogió los pedacitos del olvido y abrió su propio camino. Sus padres colocaron un piano cerca, después el coro de la iglesia y los grupos del instituto prendieron la chispa de la pasion musical. A finales de los '80 ya había alcanzado la final del primer gran programa cazatalentos norteamericano, Star Search, y su talento había sido reconocido con tres nominaciones por sus papeles en los musicales 'Dreamgirls' y 'Jesus Christ Superstar'. En esta primera etapa puso voz a jingles para marcas como Coca-Cola, participó en una película con Ice-Cube y visitó por primera vez Europa. Allá por 1986 se estrenaba 'Mort un dimanche de pluie', una película francesa cuyo representante pasó por Chicago en busca de voces y fue inmediatamente dirigido hacia Marshall, quien acabó cantando tres temas de la banda sonora y grabando en París.


Tardó diez años en volver a cruzar el charco con motivo de la representación de un musical en Colonia (Alemania). Aquí ya hubo un ligero flechazo de inspiración. Escribió unas cuantas canciones durante su estancia e incluso llegó a pensar en quedarse un tiempo. De vuelta en Chicago recopiló en un album temas escritos a lo largo de una década, se encerró en su estudio y grabó su primer trabajo en solitario: Titus vol.1 (1999). Él mismo reconoce en el disco la falta de un hilo conductor que uniese composiciones tan lejanas en el espacio y el tiempo, por lo que, cuando surgió la ocasión de reeditarlo, no dudó en darle una nueva oportunidad para redondearse. Entretanto ya había iniciado su carrera como cantante y compositor. Su segundo trabajo llegaría en 2003 bajo el título The reality of dreams haciendo gala de gran sensualidad y del dominio de sus cuerdas vocales.


En los años posteriores publicaría diversos singles. Uno de ellos fue 'I will' (2010), una canción que abre los ojos a la realidad del VIH. Poco después grabó un video que sobrecogió y conmovió a muchos de los que conviven con esta enfermedad en su sangre o en sus corazones. Por este motivo fue invitado al festival solidario Sing4life que se celebró en Hamburgo en 2012. Nunca llegó a usar su billete de vuelta a los Estados Unidos.

Tras una etapa de adaptación, nuevos contactos y mucho trabajo, Marshall Titus se ha reinventado a sí mismo, ha exprimido positividad y cariño y ahora, que confiesa sentirse más libre que nunca, su poderosa voz ha echado a volar sobre las nubes de la ciudad hanseática. Una vez más se ha dejado impregnar por el buen hacer de artistas locales, tanto con su actual banda con Julie Schmiedeberg (guitarra) y los hermanos Mathias (bajo) y Michael (percusión) Grimm, como con la colaboración musical, grabación y masterización de Bente Faust (Off Ya Tree Studio). Así ha conseguido uno de los grandes trabajos de su carrera. Grandes melodías y ritmos dispares combinados con acierto, donde cada uno de sus trece temas tienen el poder de atraparte. Cantando desde el corazón, con letras que quitan la respiración, dando rienda suelta a sus capacidades vocales y usando bien las tablas acumuladas consigue un toque íntimo que conquita y conmueve. Un exitoso maridaje con la pista de baile o con un acústico en un pequeño café. Este tercer LP es 'S.A.L.L.' (2016).


Cada palabra cobra el peso de su significado más profundo cuando sale por los labios de su alma en forma de canción, como si nunca antes hubiera sido usada, como si por primera vez entendieras lo que representan palabras que otros han desperdiciado en letras vacías de sentimiento. Quizás por aquello de transcribir lo que ocurre en sus entrañas cuando una melodía le agarra por dentro. Quizás por guardar máximo respeto y devoción al poder de la música. Quizás por elegir cada dia ser y vivir como un artista, lleno de curiosidad, con ganas de sorprender y aún más de ser sorprendido, con la vitalidad de un niño insaciable por descubrir y sentir. Sin miedo de saltar al vacío y sin perder las canas de la expeiencia. Su conciencia social envuelve su música de compasión, de comprensión, de rebelión, de ánimo, de alegría.


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