1 abr. 2013

WILLIE B. PLANAS: Landscapes & Still-Life (2013)

Violonchelo, guitarra, y desde hace un par de años, voz y alma de su propio proyecto, os presentamos a WILLIE B. PLANAS. Desde que sacase un intimista debut acústico en 2011 llamado The Great Divide, este músico madrileño ha llamado la atención por la emotividad humilde y purista de sus canciones.

En verano de 2012 se encerró en el estudio reconvirtiendo esta aventura en un cuarteto con la compañía del piano y la armónica de Mauro Mieta, la percusión de Miquel Ferrer y el bajo de Paul Zinnard, otro polifacético artista que se ha encargado también de la producción del disco. El resultado es un álbum de mayor potencia, con letras más abstractas y poéticas que mantienen las suaves melodías sin pretensiones con las que se daba a conocer en su anterior trabajo. Preparaos para contemplar los paisajes sonoros a través de las ventanas de Landscapes & Still-Life (a la venta el 5 de Abril de 2013).



El primer despegue hacia los anillos de Saturno con un suave blues de teclados infinitos y atmósferas de guitarra y armónica, que va aumentando de intensidad según vas caminando. Un tema de sonidos etéreos y ritmos con un riquísimo componente sexy: 'Rings of Saturn revisited'. El segundo corte es una melodía desenfadada y fresca llamada 'Modern Art' cuya profundidad se oculta en humildes versos que observan a una generación perdida ante lo que ven sus ojos y pretenden los otros.


Le siguen un inconforme naúfrago en 'Castaway' y una fabulosa historia que dibuja un retrato crudo y soñador de una mujer cuya lucha requiere más valor que el del bravo Ulises, she's 'Running Naked'. Cruzamos el ecuador hasta 'Living longer, moving faster', un suave rock con ecos de neón que atraviesan raíces norteamericanas de estilo loungue. Es el turno para una romántica mirada a través de 'Diamond eyes', una parada obligatoria antes de averiguar lo que saben los veteranos sobre los inadaptados que no bajan la voz ante los cambios inherentes al paso del tiempo, o lo que es lo mismo, 'Old-timers know'.


Una octava y última canción cierra el disco con un final de cuento titulado 'The beauty was the beast', que habla, sin embargo, de la muerte anunciada de una relación, donde lo bonito se ha vuelto del revés y la temible bestia se acercaba demasiado lenta para pensar que llegaría a matar la pasión.

En Landscapes & Still-Life se esconden poemas de belleza melancólica e introspectivas universales, no aptos para aquellos que busquen velocidad de ritmos y melodías pasajeras. Imprescindible para un día de lluvia o una noche de calor bajo la luna. Si os ha picado el gusanillo del 'freaking', podéis encontrar su música en grooveshark.com y sus últimas noticias en su facebook oficial.

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